Visita Portimão

Esta ciudad, perteneciente al distrito de Faro, se levanta entre el río Arade y el mar. Este río fue remontado por fenicios, griegos, cartagineses, romanos y árabes que se dirigían a Silves, dejando restos de sus respectivas culturas en la región.
Comenzaremos por el centro histórico, donde aún se conservan restos de las murallas medievales. Las estrechas calles del antiguo barrio de pescadores, como Largo da Barca en Rua Nova o Postigo da Igreja, son un museo de la arquitectura del siglo XIX e inicios del XX: casas de dos plantas con barandas de hierro forjado, ventanas y puertas ennoblecidas, y paredes cubiertas de azulejos.
El Palacio de los Vizcondes de Bivar acoge ahora la sede del Ayuntamiento. La Iglesia de Nossa Senhora da Conceiçao, en Largo da Igreja, luce una hermosa fachada con un pórtico gótico de gres. Fue construida en el siglo XV y reconstruida tras el terremoto. Cerca del río Arade podremos encontrar el Convento de San Francisco, de 1533, de cuya iglesia sólo se conserva un bello pórtico. En Praça da República sobrevive aún el Colegio de los Jesuitas, construido entre 1660 y 1707 por orden del hidalgo Diogo Gonçalves. Su iglesia posee una de las naves más grandes del Algarve.
Frente a los astilleros navales, en la zona antigua, está la Capilla de San José, de fachada sencilla. Cerca, lo que antiguamente era la Fábrica de Conservas Feu y ahora hace de Museo Municipal, respetando el edificio del siglo XIX.
La Playa de Rocha, a dos kilómetros del centro, encarna uno de los principales reclamos turísticos de esta zona del Algarve, siendo además una de las playas más hermosas de Portugal. Sus imponentes acantilados contrastan con el turquesa de sus aguas. Un espectáculo que no podemos dejar de ver desde el mirador de Bela Vista.
Sin embargo, no se trata de la única playa de Portimão, están también la de Alvor y la playa de Vau. Desde el mirador de la Fortaleza de Santa Catarina de Ribamar, que en otro tiempo defendía la ciudad y el puerto, podremos admirar las hermosas vistas de la desembocadura del río Arade.
La proximidad al mar nos obligará a probar sus sardinas asadas y sus almejas. También degustaremos su pastelería colmada de frutos secos, que tienen gran importancia por haber contribuido, mediante su comercio, al desarrollo de la ciudad en el siglo XVIII tras el terremoto de 1755, junto con la pesca.
Llegada la noche podemos hacer una visita a su casino y sus espectáculos.
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